Villafranca-Cebreiro

05/06/05

PreparativosSahagun-Burgo
Burgo-Mansilla
Mansilla-Leon
Leon-Villadangos
Villadangos-Astorga
Astorga-Rabanal
Rabanal-Ponferrada
Ponferrada-Villafranca
Villafranca-Cebreiro
Cebreiro-Sarria
Sarria-Portomarin
Portomarin-Palas
Palas del rey-Arzua
Arzua-Arca
Arca-Santiago
Home (Inicio)

Villafranca del Bierzo-Cebreiro

La mañana empezó a pasar lentamente, esperando la hora en que Jato saliera hacia Cebreiro. Casi llego a desesperarme con la espera.

Para acabarlo de arreglar, aparecieron un grupo de alemanes que vinieron a ver a Jato. Llegaron como un rebaño.  Jato su mujer y las hijas les dieron un aperitivo, y allí fui testigo mudo de los discursos, alabanzas a la obra de Jato,etc . Eso sí, todo en alemán. 

El jefe del grupo hizo  entrega de unos pins de una no me acuerdo asociación alemana de peregrinos, para que pudieran ser vendidos en el albergue. Vaya negocio pense , hubiera sido preferible que le hubieran dado directamente el dinero.

El alemán que llevaba todo el  montaje, junto con su esposa, parece ser que furor atendidos en su peregrinación  por las manos milagrosas de Jato, con resultados mas que notables a tenor de la invitación a Alemania que les hicieron, y que Jato y esposa aprovecharon. Por cierto, la mujer de Jato me enseño las fotos de Alemania, como el que enseña un tesoro. Se refería a sus amigos alemanes como sus segundos padres. 

Yo ya estaba negro con tanto discurso, viendo como pasaban las horas y allí no se movía nadie. La sensación de inutilidad que tenia era impresionante. Con los ojos iba buscando a Jato por todos lados y el claro estaba a su rollo. Jato en ese momento, dio una muestra de su  psicología, cuando se me acerco y me dijo : esto es una buena cura de humildad para ti. Me dejo de piedra, realmente si lo era, esas interminables horas allí sin nada que me ayudara, sin medios para moverme, me dieron la oportunidad de aprender lo limitado que uno puede llegar a ser, y en ese momento se me acabaron las tonterías, pense que ya se arreglaría todo cuando tocara la hora de arreglarse. 

Jato me llevo al  pueblo con la furgoneta para comprar sacos de cementos. Era ya el colmo, como si  uno no tuviera prisa, encima a cargar sacos pero bueno, la vida es así y así  lo afronte, en plan deportivo. 

Finalmente parecía que la cosa se movía, era la una de la tarde, cundo debíamos de haber partido a las 10 de la mañana. Le dije a una peregrina Argentina curiosisima ella que hacia el camino con maleta de ruedas, si quería subir al Cebreiro conmigo, ella dijo que si, ya que estaba en el albergue recuperándose y de paso ayudando en el mismo. Por cierto que durante el tiempo que estuve allí, también tuve la oportunidad de vender recuerdos para turistas, junto con una chica que debido a una ampolla de considerable condiciones se había quedado aparcada allí. 

Jato finalmente se subió a la furgoneta y le dijo a la Argentina si se podía quedar un tiempo mas con ellos, ella sin rechistar bajo su famosa maleta y se metió en el albergue. 

Por fin arrancamos y empezamos a recorrer la carretera llena de coches y de peregrinos, pense que suerte la mía de poderme ahorra este trozo. Posteriormente dejamos la carretera y justo en el inicio de la subida, encontré a Jesús.  No hacia buena cara y se le veía cansado, le dije a Jato que parase la furgoneta, y me baje. Quería subir, aquel era el punto. Le dije a Jato que nunca olvidaría aquella experiencia, y realmente creo que será así, es difícil olvidar a una persona de esas características. 

Empece a andar al lado de Jesús. Todavía ivamos por la carretera, pero pronto las flechas nos desviaron de la misma, y allí empezó  una parte del recorrido mas duro y bonito que recuerdo. 

Después de una leve bajada hacia un río, rodeado de flores y verde, empezó una durisima subida en medio de castaños y a través de la primera corredeira que nos encontramos. El suelo era de grandes losas de piedra y la pendiente impresionante, para colmo, el sol lucia con toda su fuerza y el calor era importante. El cansancio, solo era mitigado por la belleza de cuanto nos rodeaba. Era imposible el ir deprisa habría sido un suicidio, tenias que escuchar a tu cuerpo y darle el ritmo que pedía.  

Llegamos a un pueblecito minúsculo y allí en la fuente situada al lado del camino, me sacie de agua. Las vistas eran preciosas ya que íbamos subiendo por la ladera de una montaña viendo el valle a nuestra izquierda y las siguientes montañas, enfrente nuestro, pero separados por una considerable distancia, lo cual contribuía mas si se puede a la grandiosidad del paisaje.

 

 

 

 

 

 

 

Ya estamos en Galicia.


 

 

Llegamos a un mojón de separación de las provincias de León y de Galicia. Por fin estabamos en Galicia, habíamos conseguido atravesar toda la provincia de León. Nos hicimos la foto, pensando en lo cerca que estabamos, Que error el mío, todavía faltaba una eternidad y muchisimo sufrimiento por mi parte.

Las  laderas por las que andábamos estaban sembradas de una hierba alta y verde, la cual invitaba a saltar sobre ella, solo que si lo hacías, eras capaz de llegar al fondo del valle por la vía de apremio. Así extasiados de tanta belleza y de sed, ya que se había acabado el agua que Jesús y yo izamos compartiendo de su cantimplora, llegamos finalmente al Cebreiro.

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde Cebreiro la vista es espectacular.


 

 

La vista es espectacular. Situados en el Cebreiro, puedes ver a espaldas tuyas un enorme paisaje de la provincia de León, si giras 180 grados, ves lo mismo pero de Galicia, esta ultima vista es grandiosa y te hace meditar el ver la cantidad de camino que queda todavía por delante. Mi rodilla estaba muy mal por lo que al llegar al refugio, pedí hora para ver al medico de guardia.  

El medico me vio, y sin ninguna duda me dijo que abandonara. El estado de mi rodilla era penoso. Me dijo que hiciera lo que quisiera pero que ya no aguantaría mas, había llegado al limite y a partir de aquí el proceso era ya destructivo y con posibilidad de importantes secuelas posteriores, que podrían desencadenar en irrecuperables. A todo esto, la enfermera que se encontraba a su lado, iba asintiendo a todo con la cabeza. Yo ya estaba curado de espantos y supongo que fue por eso que no me caí al suelo allí en el mismo momento. Después de un vendaje que me hicieron, me fui a tomar orujo y a meditar sobre el tema. 

La meditación fue realmente interesante. Conocía de etapas anteriores a un tal Francisco, un a persona especial, muy especial. Vestía con chandal, su edad iría entorno a los cincuentautantos y parecía sino el abuelo de todos, sí él mas maduro. 

Gracias a su carácter abierto y jovial pronto nos hicimos amigos. Francisco estuvo en su día casado, tiene hijos, pero su mujer murió hace unos años. No se le ocurrió otra cosa mejor que ser sacerdote, y en eso estaba. 

Prácticamente había acabado sus estudios y  esperaba ser ordenado para junio. Realmente tenia una ilusión enorme por ese acontecimiento. Su mentalidad es abierta y estaba bastante distante a las mentalidades que yo al menos tengo estereotipadas del resto de los curas. Sus creencias y su forma de ver los problemas de la vida, así como la involucraron de la iglesia en los mismos, coincidían al menos desde mi punto de vista con los de la teología de la liberación. Francisco, además, iba a ser coherentes con dichas ideas, ya que su primer destino y quizás él ultimo, como él confesaba, seria en un pueblecito perdido por Sudamérica.

No recuerdo exactamente el país, quizás Colombia. Allí existe una sociedad indígena que comparten maridos, mujeres, es decir, todos para o contra todos, quizás un sueño, en nuestra cultura, una pesadilla para los niños nacidos de unas relaciones como estas, ya que sin tener demasiado claro quienes son los padres, al final quedaban en su mayoría a su merced y totalmente desamparados, y eso es lo que Francisco quería evitar o al menos ayudar a paliar. 

Francisco estaba haciendo el camino por un motivo personal, que no voy a desvelar aquí, ya que así se lo prometí. 

Como decía, pronto empece a filosofar sobre mí mismo para olvidarme de lo que yo ya sabia era mi ultimo día del camino. Francisco había pasado por un trance semejante, teniendo que dejar el camino debido a una tendinitis. 

 Pronto, a nuestra conversación se unió  Jesús  y una botella de vino turbio. Yo tengo una característica especial, y es que me encanta filosofar, especialmente en buena compañía y con buen vino, y eso sucedió. Pronto la conversación empezó a derrotar sobre la existencia o no de Dios, sobre la resurrección o no de los muertos, es decir: Alguien puede imaginarse a un casi cura al lado de un agnóstico como yo, bueno quizás no tanto, con Jesús que al principio no decía demasiado, pero que al final se lanzo, y dos o tres botellas por las que ya íbamos?.  

No nos quedo mas remedio que empezar a comer algo, para evitar males mayores. Aun recuerdo a Francisco mirando al cielo y pidiendo ayuda a Dios para intentar convencerme de lo que para él era evidente. 

Enfrascados estabamos en la conversación cuando al final, Francisco me hizo una proposición sorprendente. Me dijo: Tu vas a ayudarme hoy en la misa que voy a celebrar. Me quede atónito, yo de monaguillo o algo parecido en una misa?. Mi cerebro decía que no, pero acepte el reto, ya que así me lo tome. 

Pronto dentro del bar se unieron a nosotros otros peregrinos, los cuales estuvieron de acuerdo y encantados de asistir a la misa, hay que tener en cuenta que quizás yo era el menos creyente de las personas que allí estabamos. 

Fuimos a la iglesia del Cebreiro, una iglesia preciosa, en donde se dice se guarda la sangre incorrupta de un milagro que acaeció por Cebreiro, cuando un pastorcillo ofrendaba o rezaba a la virgen. Entonces un fraile se rió de el, por lo parco de las ofrendas y entonces milagrosamente el vino de torno en sangre. Este milagro fue muy famoso ya que incluso los reyes católicos peregrinaron al Cebreiro.

Caliz regalado por los reyes catolicos en conmemoracion del milagro del Cebreiro.


  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco lo preparo todo para la celebración, poniéndose de acuerdo con una chica que hacia las veces de capellana o algo parecido. 

La situación era virtual para mí, pronto empezaron a sonar las campanas llamando a misa, y del pueblo empezaron a aparecer peregrinos recién llegados como nosotros que arrastrando los pies ocuparon algunos asientos en el interior de la iglesia. 

Allí apareció Francisco, vestido de blanco con un aspecto muy diferente al que  nos tenia acostumbrado. Nos comento que aquello no era en realidad una misa, ya que el no estaba de hecho ordenado, pero que era casi lo mismo. Dentro, nos encontrábamos un buen numero de peregrinos, entre los que se encontraban nuestros amigos la pareja de franceses. Me sorprendió verlos allí. 

El acto fue diferente al que me imaginaba, en vez de una misa, aquello fue como un dialogo entre Francisco y los que allí estabamos. En un momento determinado me hizo salir al estrado, y me hizo leer unos pasajes de la Biblia, que curiosamente hablaban de la resurrección, tema con el que no conseguimos ponernos de acuerdo momentos antes ante nuestras botellas de turbio.

 

Virgen de Santa Maria del Real

Cada año mas de 30.000 romeros vienen a visitarla.


  

 

 

 

 

 

 

 

Todo se me antojaba de lo mas surrealista, pero para las personas que allí estaban, parecía de lo mas corriente. Canciones, charlas, todo se mezclaba en aquel acto ya entrañable par mi. 

Mi rodilla ya no se recupero, el dolor era ya extremadamente fuerte e incluso ya cojeaba visiblemente. Tenia en mente las palabras lapidarias él medico, y esta vez presentí que tenia razón. Supe a ciencia cierta que tenia que volver a casa. Francisco me hizo reflexionar sobre ello, ya que como dije antes, él tuvo que abandonar en su día su propio camino, para volverlo a emprender mas tarde. El problema era que tenia que buscar una salida a mi situación. No podía abandonar así por las buenas volviendo a Barcelona y dejarlo para mas adelante, si así lo hacia, nunca llegaría a Santiago. 

Valore la situación y decidí volver a Barcelona, pero no a acabar, si no a recuperar mi rodilla y tan pronto pudiera, volver allí mismo y acabar el camino. El riesgo de continuar era excesivo y tal como estaba mi  rodilla no creo que hubiera andado mas de unos pocos kilómetros. 

Saque humo a mi teléfono portátil, ya que lo importante ahora era buscar un modo de regresar a Barcelona, tarea no fácil y más siendo final de Semana Santa. Varios peregrinos me ayudaron  en la búsqueda de opciones, me decidí finalmente por intentar llegar a Monforte de Lemos donde hay una importante estación ferroviaria donde la posibilidad de encontrar un tren era mayor.

Desestime la opción del avión ya que el próximo, salía cuatro días mas tarde y yo necesitaba asistencia medica  inmediata. 

Finalmente pude contactar con Monforte de Lemos, y gracias al vendedor de billetes que se puso al teléfono, pude conseguir la única plaza libre que había en el tren del día siguiente. El vendedor necesitaba que me personara allí inmediatamente para comprar el billete, pero lo cierto es que me encontraba a bastantes kilómetros y sin transporte para llegar a Monforte. El pobre hombre una vez que le explique mi situación, me prometio que me guardaba el billete contraviniendo así todas las normas que el tenia al respecto. 

Después de realizar todos esos tramites me fui a cenar con Francisco y Jesús. Curiosamente no estaba demasiado desmoralizado, la evidencia de mi situación me hacia estar relativamente tranquilo pensando que yo ya no podía hacer absolutamente nada mas, había llegado al limite. Lo único que me consolaba era mi firme propósito de volver cuanto antes.

Fiesta a lo grande. Orujo ,vinos y chorizo.

 

 

 

 

 

 


 

 

Empezamos a cenar los tres solos, pero pronto empezaron a unirse mas y más peregrinos, empezó alguno a cantar y pronto todo el bar era un clamor de gente cantando, incluso los de la barra se unieron a nosotros cantando canciones  gallegas, mientras el vino, los chorizos, etc. corrían por doquier, un maravilloso final de mi etapa. 

Así envuelto entre los efluvios etílicos, me fui a dormir, no pense en nada mas, excepto cuando un holandés se acerco y me comento la posible causa de mis males. Me recomendó hacer un curioso ejercicio, diciendome que me esperaba en Santiago, asentí que si con la cabeza, pero sabiendo que no seria en la próxima semana. Aun recuerdo la frase que me dijo: Pararse es morir. 

Una vez en Barcelona me di cuenta que el holandés fue la única persona entre tantos médicos que me vieron, que acertó plenamente con lo que realmente tenia.

 

 

 

 

 

 

 


  

 

 

 

 

Novena  Etapa
Cebreiro - Sarria