Sarria-Portomarin

05/06/05

 


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Sarria-Portomarin

Me desperté, casi llegando a Montforte de Lemos. Me acorde de inmediato de las largas horas que pase triste y derrotado por mi rodilla, en la estación, esperando el tren de vuelta a Barcelona, y sentí una mezcla de miedo y esperanza. Miedo por el pasado, esperanza porque era como si el tiempo no hubiera pasado y de repente se juntara en un solo instante, pasado con presente, solo que esta vez no volvía, sino que me dirigía a mi propio destino. Esa era mi esperanza, la cual, me lleno de una extraña alegría.

Estacion de Sarria.

Estoy de nuevo en el camino.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Galicia se mostraba tal como es, lluviosa y con una espesa niebla, el mejor de los presagios pense, y no podía evitar hechar un vistazo a mi rodilla. Habrían hecho su efecto los láseres, estiramientos, terapias, etc. ?. O hablando en términos más metafísicos, me volvería a aceptar el camino y hacerme de nuevo suyo?.

Llegue a Sarria. Al bajar del tren me di cuenta que no era el único peregrino que se bajaba del mismo. Conocí a tres chicas, bueno, no tan chicas que pretendían comenzar allí también. Fuimos juntos a buscar una cafetería. Mientras andábamos, una sensación extraña recorrió mi cuerpo. Sin darme cuenta estaba en una calle que era parte del camino, mi cuerpo lo noto y me sentí enormemente feliz y emocionado. Recordé entonces, cuando semanas antes sentí la sensación de salir del camino, cuando en Sarria cogí el autobús para Montforte para poder regresar a Barcelona. Ahora  sentía un sentimiento 180 grados diferentes al de entonces. Que felicidad. 

Salí del bar, respire hondo y empece a caminar, paso a paso, sobre el camino, en mi camino. Iba totalmente pendiente de mi rodilla, de cualquier sensación, de cualquier síntoma, esto era ya una obsesión. No era para menos. 

Pregunte a la guardia urbana si iba en el buen camino, y después de encontrar una enorme flecha amarilla, me puse a velocidad de crucero. Enfile una subida y encontré un cruceiro precioso. Lo  reconocí enseguida, ya que Jesús me lo había enseñado en una fotografía, solo que esta vez, en vez de pueblo, solo se veía niebla, porque el día era gris y lluvioso. 

Pase por el cementerio, con un curioso musgo sobre las paredes, tal como lo recordaba de las fotos de Jesús, pero el color azulado de la foto, se había convertido en gris. 

Enfile la primera bajada, una enorme bajada, y me acorde de mis sufrimientos pasados en semejantes pendientes. De una forma instintiva, baje poco a poco y de lado para evitar cualquier problema. Mi rodilla no daba muestra de nada. 

Abandone Sarria y entre en medio de la niebla, en un bosque increíble. La sensación era estremecedora y maravillosa, nunca antes había visto nada semejante, a eso mi rodilla me daba puntitos, y yo me iba moderando y preocupando a la vez.

La niebla da un aire mistico al ambiente .


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ande a  traves de prados preciosos y  en medio de lloviznas y nieblas,  se me antojo que pocas cosas tan bonitas como aquello podía existir y di gracias a no se quien, por permitirme disfrutar de todo aquello. Llegue a un pequeño río, y empece una subida en medio de una caballería preciosa, cuya foto guardo como salvapantallas de mi ordenador, por su espectacularidad. La caballería estaba franqueada a ambos lados por robles imponentes y centenarios, cada uno de ellos tiene clavada una oxidada cruz de hierro.

Pasaba y me pasaban peregrinos, aquello parecía las ramblas, gracias que todavía no habían empezado las vacaciones, sino hubiéramos necesitado un guardia urbano allí mismo.

En un recodo del camino, conocí a Ana, una chica de 53 años, bajita, rubia ojos clarisimos como el aire. Ella vive en Malgrat. A pesar de hablar catalán, no podía disimular su acento profundamente andaluz.

Me adopto, y juntos seguimos el camino. Ambos pusimos la directa, y recorrimos paisajes maravillosos, corredeiras de ensueño las cuales no soy capaz de describir. Me olvide de mi rodilla, y la verdad es que a partir de aquel momento, nunca mas me volvió a molestar. Mi pesadilla, al menos aquella pesadilla había acabado definitivamente. 

Seguimos andando, y al llegar a una aldea, encontramos a una amiga de Ana, su nombre Kika y es de Mallorca, Kika. Como más tarde comprendí, Kika fue todo un descubrimiento, un monumento a la generosidad. Una persona de las que no quedan.

Con Ana a 100 Km de Santiago.


  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ana esta casada, tiene dos hijos y ella es un poema. Le gusta hacer de todo, ha subido al Montblanc, ha sido condecorada por Jordi Pujol, y por lo que adivino, se ha hecho ella solita a sí misma. Encima su marido es submarinista y compartimos varias experiencias subacuáticas. 

Kika, es mas joven, tiene 44 años, aunque su cabello plateado le da un aspecto de mayor, pero esa sensación solo dura  hasta que empiezas a hablar con ella. Es concejala en Alcudia y es a la vez farmacéutica. Por lo que tengo entendido, es como una institución en su pueblo. 

Seguimos los tres juntos y pronto llegamos a una parte del camino, que de repente se convirtió en un río. Era el camino-rio, impensable el encontrar algo así, menos mal de las botas de Goretex.

 

 

 

 

 

 

 

Alguien se lo puede creer?. El camino es de repente un rio.


  

 

 

A pesar de la amenaza de lluvia, el tiempo se mantenía estable pero nubosos. Los pueblos que íbamos cruzando eran pequeños y rústicos, gente dedicada al campo, a años luz de nosotros, o de nuestra forma habitual de vida. Pueblos casi abandonados, habitados tan solo por viejos que morirían con el pueblo.

Esto es maravilloso. Estas corredeiras son inolvidables .


A pesar de ello vimos a un niño que jugaba con un perro en  medio de una pradera.  No sé quien se lo pasaba mejor, o el niño o el perro, pero en todo caso parecían compañeros inseparables. Adivine que de hecho era el único niño del lugar y posiblemente estaba  de vacaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

De repente me fije en una pequeña construcción y la reconocí de seguida gracias a  las explicaciones de Jesus. Entre en el interior y vi una especie de capilla con una cruz, y sobre ella un montón de notas y objetos dejados por los peregrinos. Había desde medallas, a papelitos, una pila usada, y sobre todo una sensación extraña. 

Deje allí mismo la piedra que Guayente me dio antes de partir por segunda vez. A falta de cruz de Ferro este era el mejor sitio, pense.

La sorpresa fue que al salir, me pareció sentir a Jesús. Parece de locos, pero lo note, estaba allí o algo de el estaba allí, y encima me indicaba el camino. Pero que clase de broma es esta pense y pienso todavía. No seria la ultima vez que tuve esta sensación.

En Ferreiros tomamos un café con leche, y posteriormente y de una tirada, llegamos a Portomarin, el final de mi primera etapa. Y la rodilla en otro mundo, que alegría el poder llegar así, cansado pero sin dolor. Por cierto Ferreiros debe su nombre a que antiguamente en aquel lugar, eran reparados todos los elementos de hierro que un peregrino pudiera tener, incluidos zapatos . Tambien se les erraban  las cabalgaduras. 

A Portomarin, se llega después de atravesar el Miño. Es un pueblo no muy grande, situado al lado de un pantano al que se llega después de atravesar un gran puente. Portomarin, el actual, es un trasplante del pueblo antiguo, el cual se encuentra en el fondo del pantano. En su día, el pueblo fue trasladado fuera el alcance de las aguas, y su iglesia, desmontada piedra a piedra y vuelta a montar.

Recuerdo la especial emoción que sentí al ver el final de l primera etapa, estaba llegando y no me encontraba demasiado cansado.

Llegamos al refugio, con mucha  suerte, ya que nos quedamos con las ultimas plazas disponibles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Portomarin a la vista. Mi rodilla perfecta .


  

Después de una ducha fría me arregle los cansados pies, me puse en los mismos la crema hidratante, y me puse a demás  una crema enfriadora en la rodilla, la cual seguía sin dar señales de ningún  tipo.

 

 

 

 

 

Que bonito es el refugio de Portomarin .


  

 

 

Fui a comer a casa Ferreiro. Comí empanada, pollo, tarta y claro volviendo a las buenas costumbres, orujo. La comida no era para tirar cohetes, pero bueno, estamos en el camino. 

El señor Ferreiro, el de la fonda, me explico la historia el pueblo y me enseño fotos antiguas del pueblo antes de la inundación. Después me puso un sello, el cual aseguro, que era de los pocos auténticos del camino. Le asegure que volvería a cenar y me dirigí al albergue. En medio de una lluvia persistente y calzando unas zapatillas de playa, me dirigí al comedor y me puse a escribir. 

Fui a visitar la iglesia del pueblo, estaba lloviendo y toda la calle, era un ir y venir de peregrinos, andando todos como los patos. Esta es la forma de caminar que se te queda después de una jornada de camino. 

Por la tarde, me encontré al grupo de chicas, Ana y Kika, a las cuales se habían unido unas cuanta más, adoptadas como no por Ana, y nos fuimos a cenar a casa de Ferreiro.

Como haciendo honor a los viejos tiempos, chorizo con huevos fritos y el ya inevitable orujo. 

Fui a dormir, en medio del chibarri de las chicas y los ronquidos. Fue demencial, a mi derecha se puso Juanita, una de las amigas de Ana, la cual roncaba como un cosaco, a mi derecha Ana que todavía se comportaba, pero enfrente tenia a uno que encontré en el tren, el cual le hacia la competencia a Juanita . Una noche para recordarla con una


copa en la mano, tapones en los oídos y media sonrisa en la boca.
 

 

 

 

 
 
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