Portomarin-Palas del Rei

05/06/05

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Portomarin_Palas del Rey

 

A las seis, ya estaba despierto, pero sorprendentemente no era el primero, ya había gente preparándose y dispuesta para la marcha. Hice lo propio y cuando vi que las chicas se lo tomaban con calma, decidí irme solo. Además, tenia ganas de meditar en soledad durante el camino. Les dije que las vería en Palas del Rei y emprendí la marcha. 

A las siete en punto estaba ya caminando, me embargaba una sensación de bienestar, mi cuerpo estaba perfecto y de la rodilla ni idea. 

Estaba amaneciendo, es decir, caminaba entre dos luces. Enfile la plaza del pueblo y salí de la ciudad a través de una empinada bajada, las flechas amarillas, me dirigieron a un estrecho puente de metal que atraviesa todo el pantano y me adentre en una montaña.

Salida de Portomarin. Una nueva etapa comienza .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Empezó una subida  bastante pronunciada pero soportable, y me adentre por una caballería preciosa. El ambiente era húmedo y gris, y el paisaje enormemente verde. Oía tan solo el sonido de los pájaros y allí solo, creía estar en otro mundo. La caballería esta rodada de musgo  por todas partes debido a la intensa humedad y a la derecha una pendiente me permitía ver el valle, donde poco a poco iba quedando cada vez mas abajo Portomarin. 

La subida, se hacia cada vez mas empinada pero me encontraba definitivamente en forma y disfrute metro a metro. Pude ver abajo en el valle, el grupo de peregrinos que habían salido  del refugio antes que yo. Estabamos caminando en direcciones diferentes, uno de los dos tendríamos un problema, menos mal que de vez en cuando una flecha amarilla me indicaba que yo si estaba en el buen camino. 

Después de acabar mi idílico y solitario pase por la montaña, conecte con la carretera nacional y volví bruscamente a la realidad.

 Camine por la misma a través de un paisaje perfectamente olvidable. De pronto allá al fondo divise el grupo de peregrinos que había visto caminandoen la otra dirección. 

Los alcance en el momento en que paraban a descansar, y entable conversación con ellos. No sabia en aquellos momentos, que acababa de conocer a mis segundos gran amigos del camino.

Era un grupo de ocho personas, dos médicos, Juan y el otro no recuerdo su nombre, otro con barba que venia de Roncesvalles y parecía un profesional en el arte de caminar, una pareja de chicas de Albacete, que parecían maquinitas de andar y una pareja de Mallorca. 

No sabia todavía que estaba ante un grupo de profesionales, diseñados para caminar a los que no les importaba el cansancio, la lluvia o lo que fuera. 

Juan, me pregunto si había comido algo, cosa que no había hecho, ya cuando salí en Portomarin, estaba todo cerrado. Me dio un par de galletas de chocolate que me supieron a gloria y me dieron nueva energía.

 

 

 

 

 

Alguien hizo ese puente para que tu lo pasees ahora .


 

 

 

Emprendimos juntos el camino a través de montaña y carretera. Eran como atletas. A una velocidad increíble, se iban alternando sucesivamente en la cabeza del grupo para ganar velocidad y tiempo. A pesar del esfuerzo, me sentía muy cómodo, aunque un  poco deprisa para mi gusto, pero a esas alturas todos teníamos el síndrome del refugio, es decir, había que llegar cuanto antes al siguiente refugio para conseguir sitio.

La velocidad era de seis kilómetros por hora, muy rápida, cuando lo normal es cuatro kilómetros por hora. Empezó a llover, y con esto comenzaron los problemas. Estrene por fin la capellina, y a pesar de los pesares no molestaba tanto como parecía. El problema es que al colocarte la capucha, perdía parte del paisaje y veía el camino como a través de un túnel 

Menos mal que en esta segunda parte, me traje la gorra que Joaquín me aconsejo y así pude caminar sin  mojarme las gafas.

La naturaleza, se prepara para la primavera


Atravesamos una montaña preciosa con vegetación baja, llena de flores de mil colores. La carretera por la que caminábamos, estaba abandonada y no teníamos miedo a los coches, aunque de vez en cuando, algún despistado se metía por ella. Sin embargo, acostumbrados al ruido de las gotas de agua y de las botas al caminar éramos capaces de oír el motor a gran distancia avisándonos los unos a los otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estaba entusiasmado por la respuesta o mejor no respuesta de mi rodilla, sin embargo, aquel ritmo iba a pasar factura en forma de ampollas, las cuales ya notaba formándose en mis pies. 

Teníamos hambre y en los pueblos que pasábamos no había nada abierto, es decir, esos pueblos, no tienen nada que ver con los que normalmente estamos acostumbrados. Son pueblos muy pequeños, la mitad de las casas están abandonadas y nadie a la vista, al menos de una forma aparente. De vez en cuando, vemos algún viejo o vieja ocupado en sus quehaceres sin hacernos el menor caso, supongo que habrán visto pasar por allí delante de la puerta de su casa a miles y miles de peregrinos. Solo reaccionan ante unos buenos días, pronunciado de una forma sonora y contundente. 

La lluvia continuaba y por fin vimos una especie de casa en medio de un vallecito que tenia pinta de bar o algo parecido. En efecto así era. Después de dejar la mochila y capelina en un recibidor, nos sentamos en un pequeño comedor. Comimos pastas, café con leche y orujo. Pude relajarme un poco y comprobar y admirar, las hermosas ampollas que se iban formando en mis pies, 

La señora de la casa, una mujer muy joven, se disculpo, ya que no había lavabo y tuve que hacer mi pipí detrás de la casa mientras la lluvia caía sobre mí. Fue una sensación muy particular.

Seguimos caminando, por cierto, cuanto cuesta arrancar después de enfriarse. La parte no cubierta de mis pantalones por la capellina, estaba completamente mojada y mi cuerpo sudoroso por la falta de transpiración. 

El grupo se estiro y quedamos finalmente Juan, y las dos maquinitas de Albacete. El resto iban detrás unos 100 metros. Palas del Rey parecía que no llegaba nunca. Por cierto, aprendimos lo que significa el Km gallego. Cuando le preguntas a cualquiera si falta mucho para llegar, siempre dicen un par de Kms, que al final resultan ser el doble, por eso cada vez que preguntábamos la distancia, después de la contestación replicábamos si eran Km gallegos o de los normales.

Lluvia y pueblos solitarios. Esto es parte de Galicia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

Finalmente llegamos a Palas del Rey, y con ello al refugio. Palas del Rey se me antojo un pueblo enorme y sin el encanto de los anteriores. Llovía a mares y para colmo el refugio estaba cerrado, por lo que decidimos quedarnos en la puerta haciendo cola para entrar.  Fui al ayuntamiento a preguntar por la hostelera, pero no sabían nada.

Al final apareció, era una señora mayor y mal encarada, la diferencia entre los hospitaleros anteriores y los que estabamos encontrando en esta parte del camino, era patente, estos últimos parecían funcionarios, un trato frío distante y encima con alguna regañina, pero bueno de todo hay por ahí. 

El albergue por cierto estaba realmente bien. En Galicia los albergue están subvencionados por la Xunta, quizás por eso sentía esa sensación de funcionariado que encontramos. Que diferencia con el refugio Gaucelmo de Rabanal del Camino. 

El refugio se lleno de seguida. Me tome una ducha que me sentó de maravilla y después Juan hecho un vistazo a mis ampollas. Juan no creía en cosidos ni nada semejante. Su método era inyectar betadine en medio de la ampolla a traves de una jeringuilla, por lo que fui a una farmacia a comprarla. Me sentí un poco yonki cuando pedí la jeringuilla, pero me temo que no era el primero a tenor de la naturalidad con que la farmacéutica me la dio. 

Juan, empezó la preparación de la inyección, mientras una chica rubia que hacia el camino en compañía de su tío y que había sido inyectada previamente me miraba con una sonrisa sarcástica mientras me decía, ya veras lo que te espera. Juan  inyecto el betadine en la ampolla y vi todas las estrellas del cielo, todo sea por la causa pense. 

Después de arreglarme un poco, me encontré con las chicas que llegaban en ese momento. Me fui a buscar una cama con ellas a una planta superior del albergue. Posteriormente fuimos a comer a un restaurante cercano al albergue. Comimos por cierto muy bien, lentejas que sabían a gloria, carne estofada y mi orujito como no. 

Mientras Juan pasaba de cama en cama curando heridas y arreglando pies, ampollas, etc. , Kika hacia lo mismo, los dos son personas maravillosas, en todos los refugios que fuimos, nada mas llegar y antes de ocupar de ellos mismos, antes de ducharse, antes de nada, se dedicaban durante un par de horas a los demás. Que capacidad de entrega y sacrificio, puedo jurar que al llegar a un refugio solo tienes ganas de tumbarte y descansar, hay que tener una gran fuerza interior y grandes dosis de solidaridad para dedicarte a los demás antes de dedicarte a ti. 

Recuerdo en Portomarin, que la chica rubia de la que había hablado anteriormente, se sintió indispuesta. Su tío paso totalmente de ella, y Kika sin tan siquiera quitarse las botas, llamo a una ambulancia y se la llevo a un hospital, estando con ella toda la tarde, hasta que la dieron el alta.

Desgraciadamente para ella, allí se le acabo el camino, ya que los médicos le prohibieron caminar, sin embargo, ella siguió con nosotros etapa tras etapas, trasladándose en autobús o taxis.  

Su tío era la antítesis de Juan y Kika, y pude comprobar la diferencia de caracteres y pude aimismo dar gracias de que aun existieran gentes así en el mundo. Yo desgraciadamente no soy así, pero ahora tengo una nueva referencia a seguir.

 Gracias Juan y Kika por ser como sois probablemente nunca leeréis estas líneas, pero la semilla y el recuerdo que habéis dejado por ahí, son de las que no se borran 

Regresamos al albergue en medio de la lluvia, y me puse a dormir durante un rato.

Al despertar, Ana me presento al resto el grupo, especialmente un elemento increíble, delgado y enjuto que trabaja en RENFE y tiene pinta de ido. Va tocado con un enorme sombreo de peregrino y habla como si estuviera borracho, pero no lo esta, a primera vista dan  ganas de alejarte de el, ya que da miedo, pero después te das cuenta que es una buena persona que esta allí como nosotros por sus propios motivos, de hecho me lo pase muy bien con él mas adelante. 

Nos juntamos para acabarlo de arreglar con un grupo de tres gallegas con una cara de despiste de impresión. Como no tenían sitio para las tres, pusieron dos colchones en el suelo y allí pretendía dormir transversalmente las tres una al lado de otra. Sus nombres, Marta, Pili y de la otra no me acuerdo. Marta era encantadora. Estuvimos todo el grupo hablando bastante rato y nos hicimos una foto, todos juntos ya que aquellas horas fueron inolvidables para todos

Y todos tan amigos .

 

 

 

 


 

 

 

 

Marta nos hizo firmar a todos en su bordón de peregrina

Por la noche, nos fuimos a tomar una tontería, colacao con melindros de Melide, los cuales parecen ser que son superfamosos, al menos estaban riquisimos. 

La noche transcurrió sin demasiados ronquidos, exceptuando los de una de las gallegas que alcanzo por mérito propio , el calificativo de locomotora. Antes de irme a dormir, cometí un error que me costaría al día siguiente un disgusto. Me puse sobre una de las ampollas inyectadas previamente, un apósito de plástico, recordando lo bien que habían funcionado anteriormente.