Palas del Rey-Arzua

05/06/05

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Palas del Rey - Arzua

 

Me levante muy temprano, sobre las 6.30 de la mañana. A oscuras y procurando no pisar a las gallegas que plácidamente roncaban en el suelo, me vestí y arregle. Hice la mochila gracias a mi minilinterna, y a oscuras me tome un cacaolat y unas pastas que había comprado el día anterior. Al bajar las escaleras, me encontré con el grupo de maratonianos del día anterior, ya a punto de partida, y decidí en un ataque de locura, unirme a ellos. Era noche cerrada y empezamos el camino.  

La velocidad era de vértigo, habíamos oído que habría problemas de plazas en el albergue de Ribadisio, ya que estaban los militares preparando tiendas de campaña para el aluvión de peregrinos que se esperaba en agosto, y parece ser que ellos estaban ocupando parte del albergue. 

Caminabamos por la carretera, cuando empezaba a amanecer, y ya a punto de adentrarnos en un bosque, vi un bordón abandonado en el suelo. Lo cogí y decidí adoptarlo, me acorde del que tuve que dejar en Cebreiro para volver a Barcelona. Parecía como un relevo, decidí llevarlo conmigo hasta Santiago. 

Las corredeiras son preciosas, verdes y húmedas, el cielo es plomizo y sé que empezara a llover en cualquier momento. En realidad, la lluvia es mi compañera  de todos los días, voy permanentemente húmedo, y es increíble que no me halla constipado todavía, la ropa no se seca nunca en medio de este húmedo ambiente.

 

 

 

 

 

Corredeiras preciosas. Que miras Juan ¿


 

 

Noto molestias en la planta de los pies. Es como un dolor sordo justo en la zona de las ampollas que Juan me curo ayer, especialmente en la ampolla en la que me puse el apósito de plástico. 

Pasamos pueblos medio abandonados. Todos parecen cortados por el mismo patrón. La lluvia como no, aparece y los plásticos, capelinas  aparecen con ella. Estoy hecho un profesional en el arte de ponerme la capelina sin pararme de andar. 

Los andarines, siguen a una velocidad intratable y mi pie empieza seriamente a molestarme. 

Llegamos a un pueblo llamado Melide, famosos en todas las guías de peregrinos por casa Ezequiel. Esta casa, es en realidad una pulpería, una de las mejores de Galicia, y a pesar de la hora, eran sobre las 10 de la mañana, decidimos no perder la oportunidad de probar un pulpo a la feira. 

Melide , el mejor pulpo del mundo, y eso que son las 10 am .


Encontramos la casa sin problemas, y entramos. Es como una gran sala con largas mesas transversales en donde comer. No había nadie a pesar de la hora, la buena señora empezó a prepararnos el pulpo, lo cual le llevo su tiempo. Mientras tanto, el vino turbio empezó a correr por la mesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

Se me ocurrió entonces hechar un vistazo al pire, y al quitarme el calcetín, me quede horrorizado. Tenia una enrome ampolla, llena de sangre. La misma nacía en el dedo gordo y se extendía unos cuatro centímetros. El apósito de plástico que me puse en la ampolla el día anterior me había causado este desastre.

Juan me miro estupefacto, la cosa podía ser seria, recordaba a gente parada durante días por ampollas semejantes, y empezó a entrarme el síndrome de la rodilla. Cuando entraba en la espiral de la desesperación, otro de los médicos que venia con nosotros me salvo de la misma con una sencilla frase. No serás tú de esos a los que le entran la llorera. Y decidí que no, que no iba a ser de esos, a pesar de lo critico de la situación, Juan decidió intentar curarme allí mismo. 

Fue casi cómico, ya que allí mismo estire la pierna en medio de la mesa llena ya de pulpo, y Juan puso encima de la mesa, la jeringuilla, apósitos betadines y esparadrapos. Era de foto decidí tomármelo por las buenas y entre pedazo de pulpo y trago de vino, Juan vació la ampolla con la jeringuilla y me inyecto Betadine. Volví a ver las estrellas mientras me agarraba a la mesa con todas mis fuerzas para no gritar, eso sí con mi pedazo de pulpo en la boca. Veía a los demás como de reojo  me iban observando mientras el pulpo que por cierto era buenisimo desaparecía de la mesa.  Juan me vendo el pie y me puse la bota, estaba asustado por la posibilidad de quedarme clavado allí y no poder llegar a Santiago, pero solo se quedo en susto, decidí que otros realmente estaban peor que yo e iban por delante mío.  Total este es el camino, no una excursión normal y corriente. 

Pedimos café de puchero y casi nos desesperamos por la tardanza de la señora en prepararlo, los peregrinos pasaban delante de la puerta y temimos no encontrar sitio. 

Paisajes y puentes irreales .


Cuando conseguimos por fin pagar, emprendimos el camino, eso si a un ritmo infernal, nunca antes habíamos ido tan rápido. Menos mal que la cura de Juan funcionaba perfectamente, y el pie bien vendado se comportaba bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

  

Salimos de Melide, por cierto un pueblo bastante grande, y entramos a unos bosques maravillosos de eucaliptos.  Esta era una de las partes más bonita que había visto. La lluvia seguía cayendo y el camino era en ocasiones estanques de agua y sobre todo un barrizal. Estaba calado hasta los huesos, y el barro me llegaba hasta las pantorrillas.

La velocidad era en ocasiones de 7 Km por hora, e incluso había tramos en los que nos permitíamos el lujo de trotar. Pasábamos a los peregrinos e incluso alcanzamos y dejamos atrás a un grupo de niños que hacían el camino sin mochilas y que nos miraron anonadados, debieron de pensar donde van estas balas?. 

Por fin llegamos a Ribadisio, decidí quedarme allí en lugar de Arzua, ya que nos comentaron que ese refugio era muy malo. Muy diferente es el de Ribadisio, este fue uno de los últimos refugios que funcionaron antiguamente en el camino. Ahora esta reconstruido y es una maravilla.  

Esta en un pequeño vallejo, después de atravesar un puente de piedra por el que pasa un bonito río de abundante y calmada agua.

Hay un prado enorme como el de dos campos de fútbol, y el refugio, es en realidad varias casas separadas entre sí. El problema, es que el cuarto de baño esta en otra construcción y claro esto por las noches, es de lo mas incomodo.

 

 

Albergue de Ribadisio Otro cinco estrellas .


  

 

 

 

 

No hay ningún pueblo cerca excepto Arzua, situado a tres kilómetros, y tampoco hay medio de comprar comida, ni de comer si no lo llevas tu mismo encima. 

Llegamos y el refugio  estaba cerrado, por lo que decidimos hacer cola por riguroso orden de llegada, para evitar a los espabilados. 

Esperamos dos horas bajo la lluvia  ateridos de frío, hasta que llego la hospitalera. Rápidamente nos coloco en los dormitorios y me fui directamente a dormir. 

 Llego el tío de la chica rubia que nos seguía en autobús. Llego impecable, sin una mota de barro, seco y fardando de lo rápido que había andado, y tan rápido, ya que le vieron bajarse en un taxi unos metros antes del refugio. En realidad, este espabilado, estaba haciendo el camino de ese modo, nadie quería saber nada de el.  

Estuve a punto de engancharme con el cuándo y a pesar de tener mi mochila sobre la cama, decidió que la misma, o sea, la cama era suya, cambio instantáneamente de parecer cuando le mire a la cara, con mis ojos hechando fuego. Se fue a otro sitio, pero Juan al final se enzarzo con el. La verdad es que gente como esta es de lo más indeseable, gente que ocupa las plazas de los refugios sin haber andado desplazándose en coche. Es una forma de hacer turismo barato. Pero a costa de los demás. Ya que cuando el albergue se llena, el que llega tarde debe de buscar otro o dormir afuera, y eso después de 30 Km es muy duro, especialmente cuando sabes positivamente que dentro hay gente que ni se han manchado las botas. 

Después de levantarme, estaba hambriento, pero no llevaba comida encima y allí no había nada a lo que incar el diente, todos los demás miembros del grupo, estabamos igual. A eso llegaron el grupo de niños que previamente habíamos adelantado, los cuales llevaban toda una intendencia encima, y nos invitaron a comer. 

Me sentía un peregrino de los de la vieja usanza los cuales se mantenían de la caridad de los demás, y en realidad así era, ellos compartieron sus lentejas, su pollo, sus platos e incluso sus cubiertos para que pudiéramos comer. Gracias por vuestra solidaridad. 

Juan después de dormir abrió la consulta medica y empezó su recorrido por los pacientes. Me curo la ampolla, la cual no se veía nada mal, volvió a inyectarme betadine y volví a ver la vía láctea, pero valía la pena, ya que la cura funciona.

 

Juan en plena labor de compostura de pies.


 

 

 

 

 

 

 

He decidido replantearme las etapas para no forzar el pie, voy a distribuirlas de otra manera, para que cada una tenga los mismos kilómetros, ya que había alguna muy corta y otras enormes. El objetivo final es, sin embargo, llegar el día previsto. 

Por fin ha llegado el grupo de chicas y menos mal que han encontrado sitio en el albergue, en mi misma caseta. Vienen cansadas pero contentas. Juanita a pesar de llevar los pies como un poema de ampollas, también ha llegado. Para que vaya quejándome, pense.

Por la tarde hice un largo paseo en medio de la lluvia, a través del  prado y con mis chanclas. Es una sensación muy especial el caminar por la hierba mojada colándose entre las chanclas y acariciándome los pies. Tenia que tener cuidado de que el vendaje no se mojara demasiado.

 

 

 

 

 

Rio de Ribadisio,tanta agua con tampoco ruido. Quizas este sea el secreto de la vida .

 


 

Me acerque al río y me di cuenta que en realidad lleva muchisima agua y mi imaginación empezó a volar.  Fui caminando poco a poco, sintiendo la lluvia, sintiendo la hierba baja mis pies, fueron unos momentos inolvidables.

En ese momento , aparecio Kika quien venia de Arzua

 

 

 

 

 

 

Kika, de donde sacas tanta energia ¿


 

 

 

 

El pie no me molesta, Juan ha hecho un buen trabajo, y esto me llena de moral para afrontar la etapa de mañana, la cual es decisiva. Si mañana aguanto, mi llegada a Santiago esta casi asegurada, y me encuentro muy bien. 

A la hora de cenar las chicas y yo cogimos un taxi y fuimos a Arzua, ya que no estabamos para caminar mas de lo estrictamente necesario. El taxista, nos llevo a un restaurante “de confianza”, el cual resulto ser realmente bueno. Cenamos sopa y unos maravillosos huevos fritos, con unas maravillosas patatas fritas gallegas, con su chorizito, el mejor que he probado. 

El camarero, nos contó su vida de amores y desamores con su ex ya novia de Barcelona. Fue una manera supongo de abrirse a alguien, y a nosotros no nos importaba en absoluto, muy al contrario. 

El remate fue el orujo, botella especial, al mismo nivel que el de la Señora Mercedes del lejano Burgo Ranero, buenisimo. Ahora llovía y a través de la ventana vimos pasar a las tres gallegas que conocimos en Palas del Rey, iban mojadas y su paso era cansino, parece que no encontraron sitio en el refugio, y se dirigían al de Arzua, mala suerte pense. 

El taxi vino a buscarnos y nos devolvió al albergue, allí encontramos a la chica rubia Montse, a la que le había desaparecido la cámara de fotos, iba desesperada buscándola, al final no la encontró. 

Oí jaleo a o lejos y me fui al comedor, situado en otro edificio. Allí vi a varios preparando una queimada de orujo y claro me apunte al instante. Me puse como una moto de queimada. Angel el chico del enorme sombrero hizo fotos y lo pasamos muy bien

Vaya queimada ,mente obtusa , alma euforica .

 

 

 

 

 

 

 

 

Le dije al grupo de maratonianos que al día siguiente iría con las chicas ya que no quería forzar el pie, al menos ellas iban más tranquilas, o eso era lo que necesitaba al día siguiente, una etapa de tranquilidad y charla agradable.