Arzua-Arca

05/08/05

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Arzua-Arca

Después de una apacible noche sin demasiados ronquidos, excepto el de las personas que buscaban el lavabo de madrugada y a oscuras, me levante a las 6.30 de la mañana y salí al exterior en busca del  lavabo. No hacia demasiado frío, pero era extraña la sensación de andar de noche con el cepillo de dientes en una mano y caminando sobre el suelo mojado. 

Al regresar ya un poco más despierto, me encontré con el grupo de maratonianos calentando ya motores. Su objetivo era llegar al próximo refugio y si les quedaban fuerzas continuar ese mismo día a Santiago.

Como dije antes, ese no era mi plan. Quería una etapa tranquila y por eso espere a las chicas. Poco a poco ellas se fueron levantando y desayunamos todos juntos. A eso de las ocho menos cuarto, pudimos ponernos en marcha.

Maravillosas corredeira.

 El final se presiente.


El camino hasta Arzua fue tranquilo y nos sirvió de precalentamiento. Atravesamos el pueblo, y entramos en una casa donde sellamos y descansamosunos momentos , eso sí, no vimos a nadie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hacia un sol espléndido, pero ya sabia que aquello duraria poco, por lo que decidí tener a mano mi capelina por sí acaso.

Entramos en unos bosques de Eucaliptos preciosos , y pude saborear a una velocidad mucho más tranquila todo lo que me rodeaba. En el grupo vamos, Ana Guillermina, Kika y yo. Andábamos en medio de una agradable conversación, poco a poco, pero sin pausas. Que diferencia con los maratonianos, aquellos deberían de estar a esas horas besando al santo.

Las corredeiras en esta zona son espectaculares, profundas y muy húmedas. De vez en cuando salíamos a un claro del bosque para volver a adentrarnos de nuevo en la espesura del mismo. Mi rodilla ausente y mis pies perfectos, ningún problema. 

Las corredeiras se transformaban en lagos que teníamos que sortear. Kika cayo mas de una vez en uno de ellos, y además para arreglarlo ,hacia rato que ya había empezado a llover. Atravesamos pueblos preciosos con las mismas característica de soledad y  quietud que los anteriores.

Dejo de llover y un tímido sol nos alumbro por unos instantes, lo que coincidió con el momento en que encontramos unos campos llenos de flores. La  primavera estaba ya cerca, pero allí parecía que nunca se hubiera ido.  

Kika y Ana cogieron varias flores y se las pusieron en el pelo, el tiempo justo ya que empezó a  llover de nuevo. Era graciosos ver la imagen de los tres caminando con la capelina puesta y en el caso de ellas las flores saliéndoles por debajo de la capucha.

 

 

 

 

Definitivamente la primavera ya esta aqui.


 

 

 

Después de un monótono recorrido por carretera, volvimos a enfilar el bosque. No habíamos recorrido unos pocos kilómetros cuando nos llamo la atención una especie de monumento o capilla situada a la derecha del camino. Se trataba en realidad de una pared de piedra en la que había unas sandalias de bronce y una inscripción. Nos paramos y la leímos , nos encontrábamos en realidad ante un monumento de recuerdo a un peregrino que justo allí había fallecido. La inscripción hablaba del nombre del peregrino y decía que en aquel justo sitio se había encontrado con Dios, a un día de distancia de Santiago. Nos envolvió una profunda melancolía. Que  putada pense, si al menos se hubiera muerto en Burgos o en León, pero no, fue casi rozando con los dedos su objetivo final. Estuvimos un rato en silencio, las chicas se quitaron las flores de la cabeza y las depositaron allí mismo. Yo puse una piedrecita sobre el monumento, algo que ya antes habían hecho cientos de peregrinos. Lo mismo que había  visto en muchos puntos antes durante el camino, lo mismo que vi en la cruz de ferro, comprendí exactamente entonces el significado de lo que es dejar una piedra, es difícil de explicar, muy difícil, pero lo resumiré diciendo que algo de ti se queda allí. 

Seguimos el camino descontando ya kilómetros, ya que a esas alturas los mojones indicaban la distancia que faltaba hasta Santiago. La lluvia era fuerte y esta ultima parte, se estaba haciendo interminable. El cansancio eso sí, se veía mitigado por la excepcionalidad del paisaje. Este era cada vez más bello, los eucaliptos son imponentes y las paredes de musgo son de ensueño.

Estamos en el final.Santiago esta ahi a la vuelta de la provincia .

 

 

 

 

 

 


 

 

 

Precisamente en una zona  en donde la naturaleza se había vestido para que la hicieran una fotografía, la maquina de fotos se me estropeo. Kika tuvo que hacer las fotos por mí, con su cámara. Quede preocupado ya que veía la posibilidad de no poder hacer fotos de Santiago cuando llegara y eso si que no. Tenia que fotografiar todo aquello, y especialmente la clásica foto enfrente de la catedral. Decidí comprar una cámara en cualquier sitio, si pero en que sitio, si lo únicos que hay son bosques? 

Decididamente cansados, llegamos finalmente al refugio de Arca. Como era habitual en las llegadas a todos los refugios, tuvimos que hacer el esfuerzo final, consistente en este caso en tener que desviarnos del camino para llegar  al refugio, ya que el mismo estaba situado a 300 mts a las afueras del pueblo. Esa distancia era para nosotros a esas alturas un esfuerzo considerable.

Después de sellar y acomodarnos, me fui directo a la ducha. Por cierto tuvimos que esperar un buen rato a que una chica americana acabara sus quehaceres, ya que se metió en la ducha comunitaria y decidió que era para ella solita, y hasta que se vistió, no dejo entrar a nadie. De nada sirvieron las protestas de la gente.

Por cierto no estaba nada mal el refugio en cuestión. Los dormitorios eran estándar, pero el comedor y la cocina son cómodos y acogedores. Nos fuimos a buscar algún sitio para comer.

Tuvimos que andar unos 500 metros mas para llegar al clásico restaurante “recomendado”, el cual estaba en el pueblo. Una vez allí encontramos comiendo al grupo de maratonianos, que habían llegado bastante antes de nosotros. Ellos habían decidido seguir y llegar a Santiago, cosa impensable para mí, en esos momentos. Estaban casi a punto para la marcha, me despedí uno por uno, citándonos en Santiago. Especial y emotiva fue la despedida de Juan, me había ayudado mucho y a el le debo gran parte de mí ya mas que probable llegada  a Santiago. Gracias en donde quieras que estés. 

La recomendación, como todas las anteriores, volvió a funcionar y comimos muy bien, sopa, chuletas con patatas y el inevitable orujo. Ya con otro carácter causado por el estomago calentito, volví al albergue. Las chicas se quedaron en la peluquería, Querían llegar a Santiago no solo en buenas condiciones físicas.  

Di toda mi ropa mojada a la hospitalera para que la pusiera en la secadora, ya que estaba harto de ir todo el día húmedo, y acto seguido me metí en la cama, eso sí, por poco tiempo, ya que al rato oí jaleo risas y barullo. Como en realidad tenia más cansancio que sueño, y ya había reposado bastante, decidí ir a ver que pasaba. 

Me encontré una escena que no olvidare jamas, era un grupo de personas, “los coronarios”. Se trata de un grupo de una treintena de personas ya maduritas que tienen una característica común, todos y cada uno de ellos ha tenido un infarto de miocardio y han estado apunto de hacer el otro camino, ese de del que ya no se regresa.

Grupo de coronarios. Vaya marcha

 

 

 

 


 

 

  

Venían haciendo el camino en compañía de un medico y una enfermera. Todos eran de Pamplona, y llevaban una marcha  increíble, al menos en la  la mesa, porque andando no los vi. Llevaban cocinero y cada vez que llegaba a un refugio el cocinero les tenia preparada la comida y la bebida. El medico era el más simpático de todos, se dirigía a ellos como los señores conorarios e iba siempre señores coronarios por aquí , señores coronarios por allá. Eran simpatiquisimos , se ve que eso de ver el umbral ,da un nuevo punto de vista a la vida. 

Las chicas también llegaron atraídas por tanto chibarri, y pronto estabamos todos sentados en la misma enorme mesa, cantando, bailando y bebiendo café, porque el vino se había previamente volatilizado.

El medico saco una guitarra y se puso a cantar, cosa que hacia realmente bien. El resto de los coronarios se unieron al canto y empezaron uno a uno a cantar en grupo. Lo hacían de impresión, cantaban unas jota que helaban la sangre. A Juanita se le saltaron las lagrimas mas de una ocasión y yo tengo que confesar que me sentí profundamente emocionado. En cuanto a la enfermera, era un poema, alta rubia vasca hasta la medula, se reía, aplaudía cantaba mientras ayudaba en todo. 

Mas tarde la hospitalera nos invito a visitar la iglesia del pueblo, y allí fuimos todos, coronarios, peregrinos medico, todos. Parecía una procesión en medio de la lluvia que no cesaba de caer ni por un momento.  

Yo iba graciosisimo con mis zapatillas playeras y mi capelina. Llegamos a la iglesia, la cual es realmente  muy bonita y la hospitalera se lucio en explicaciones y comentarios. Es curioso el observar la enorme concha dibujada en el altar, era el preludio de lo que nos esperaba mañana, es decir, la entrada a Santiago. 

A la vuelta pude comprar una maquina de fotos casi de juguete, pero suficiente por si la mía no volvía a funcionar. Total 2.000 pesetillas de nada, toda una inversión si mi maquina finalmente se negase a hacer fotos en Santiago. 

Fui a buscar la ropa, pero todavía estaba húmeda, la verdad es que la secadora es un poco ineficiente y detrás de mí había gente esperando su turno. Me puse a escribir y se me hicieron las 11 de la noche, mi ropa estaba aun húmeda y yo con un hambre de impresión. Los coronarios nos invitaron a cenar conejo con tomate que traían, cenamos con las chicas y otros peregrinos ,allí mismo en el comedor. 

Al día siguiente quería salir muy temprano, ya que quería ir a la misa del peregrino, que se celebraba a las 12 en Santiago, por lo tanto tenia que llegar allí a esa hora. Eso suponía salir a las 6 de la mañana. Les dije a las chicas que iría solo ya que ellas tenían intención de salir mas tarde, ellas ya podrían ir a la misa del peregrino del día siguiente, que es cuando tenia previsto volver en avión. 

La pareja de americanos (la de la ducha), y Jose Luis el otro medico del grupo de los maratonianos que había decidido quedarse allí, me dijeron que querían venir conmigo a Santiago por lo que quedamos para el día siguiente. 

Como fin de fiesta fuimos todo el grupo de peregrinos, total unos veinte, a un pub cerca del albergue, en donde, me tome mi primer cubata de hace mucho tiempo, casi nos cierran el albergue, ya que llegamos tardisimo. 

Por fin mi ropa esta casi seca, pero los que esperan en la cola tendrá que seguir el camino húmedos. Me fui a dormir en medio de una descomunal bronca entre peregrinos que intentaban dormir y otros que aun estaban de fiesta. Por cierto a José Luis lo perdimos de vista y ni tan siquiera durmió en el albergue. Antes de irme a dormir se me presento un chico que dormía al lado mío, era de Barcelona y vivía justamente en la Zona Franca, venia desde Burgos y me contó que para él, el espíritu del camino acabo en el momento en que piso Galicia. Parte de razón tiene, demasiada gente quizás, pero bueno cada parte del camino tiene su característica, lo que si estoy de acuerdo con el, es en que el misticismo que viví en León, no volví a verlo mas. 

Posteriormente una vez acabado el camino, no tengo mas remedio que estar desacuerdo con él. Santiago fue en realidad tan solo una meta. El camino se encuentra en el propio camino, y no en un lugar concreto.