Sahagun-Burgo Ranero

05/06/05

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 Sahagun- Burgo Ranero

 

ESTAMOS EN  SAHAGUN

Son las 8.30 de la mañana y el tren se detiene en Sahagun, la emoción me embarga, esto es ya una la realidad. Hace un sol espléndido , pero un frío intensisimo, empezamos bien pense. La estación esta solitaria, solo nosotros y un par de pasajeros mas que bajaron en el mismo tren rompemos la quietud de la estación.

 

 

Estacion de Sahagun, hemos llegado , pero hace un frio terrible .


 

 

 

 

 

 

Decidimos hacernos unas fotos para inmortalizar nuestra llegada y realizamos el primer trabajo serio del día, buscar un bar. Nos costo un poco conseguirlo, pero finalmente lo encontramos. Tomamos un croisant y café con leche. Allí precisamente, encontramos al primer peregrino del camino recostado sobre la barra del bar. Venia de Roncesvalles y se le veía cansado. No dudamos en comentarle nuestra condición de peregrinos, y por lo tanto colegas, el comentario que recibimos, fue: estáis muy nuevos.Mas adelante, entenderíamos el significado, y el porque de esa respuesta, cuando días mas adelante el cansancio del día a día se dibujaba en nuestras caras y lo sentíamos en el fondo de nuestras almas. 

Y llego el momento de emprender el camino, pero primero teníamos que encontrado. La verdad es que no nos costo demasiado, ya que estabamos sobre él y no nos dimos ni cuenta. La clave fue el encontrarnos a un peregrino de los de verdad, pantalón corto, a pesar del frío que hacia, pañuelo a la cabeza, bordón en sus manos, enjuto todo el y extranjerisimo por su apariencia. Nos saludo ,le saludamos y me sentí pletórico, estabamos en el camino, la cosa estaba hiendo tal y como lo había imaginado. El peregrino desapareció rápidamente a través de las calles de Sahagun,

 El inicio del camino, es la primera concha y todo son ganas por empezar a caminar.


 

 

 

 

 

 

 

 

Allí sentí la primera gran emoción del camino, al toparnos clavado en el suelo, un mojón con una concha. Era la primera de las muchas que veríamos posteriormente. Estabamos en el camino, solo había que seguirlo. La impaciencia se apodero de mí, quería empezar a andar ya.

Mas adelante, comprendería que la paciencia es una de las mejores practicas con las que te has de armar si quieres hacer el camino o llegar a tu destino en condiciones. Mas adelante tuve ocasión de comprobarlo. 

Y empezamos a andar, salimos del pueblo después de cruzar el famoso puente sobre el río Cea en donde cuentan las crónicas , justo a la salida del puente se celebro una gran batalla. Carlomagno, perseguía al sarraceno  Aigolando en su afán de eliminar a todos los infieles el camino. Se enfrentaron allí mismo y más de 44.000 cristianos perdieron la vida. Así mismo ,Carlomagno perdió alli su caballo. 

Enfilamos por un sendero artificial de piedra molida presuntamente para facilitar la marcha. Era horrible, ya que los pies no se asentaban bien al terreno, produciendo mas sufrimiento que bienestar. Vimos más peregrinos caminando delante de nosotros, se les notaba la veteranía y pronto desaparecieron de nuestra vista, evidentemente ellos por delante.

 

El día seguía espléndido con un sol precioso pero el frío continuaba, a estas alturas tuve que ponerme la capucha del anorax ya que se levanto un aire muy intenso y frío. Al menos las predicciones meteorológicas, no se estaban cumpliendo, ya que las mismas nos indicaban lluvia. El viento lo impedía, aunque no sé que era peor lluvia sin viento o viento sin lluvia.

 

Después de pasar por Calzada del coto, llegamos a la ermita de la Virgen de Perales, llamada popularmente La Perala, de gran devoción por estas tierras. Mas adelante llegamos a un pueblo llamado Bercianos del Real Camino, un pueblo realmente autentico tal como los tenia idealizados antes de empezar el camino.

 

Estabamos cansados ya que íbamos realmente rápidos y decidimos parar en algún bar. El concepto de bar por estos lares, es algo diferente al que nosotros conocemos, ya para encontrarlo, tuvimos que buscarlo afanosamente y apartarnos ligeramente del camino. El bar era autentico y el ir al lavabo una autentica aventura. Había un grupillo de presuntos peregrinos almorzando. Allí nos pusieron el primer sello. Es costumbre, que los bares que se encuentran en el mismo, tengan sello propio. Un tema de marketing supongo, pero eso no me quito la emoción de sellar por primera vez.

Al reemprender el camino, note algo extraño en el pie, se trataba de mi primera ampolla, empezaba pues bien la cosa. Seria el primer de las numerosas trabas que me encontré a lo largo de esta aventura. 

El paisaje seguía siendo monótono, plano y desolado, hasta tal punto, que no pude evitar él emocionarme al ver allí en medio de la nada impertérrito un solitario árbol, ajeno a la nada que le rodeaba. Era una lección de supervivencia.

Ya próximos al destino, pude ver unos lagos con patos salvajes, no pude evitar el compararlos con los que tenemos en nuestros lagos municipales, vaya diferencia. Parece ser que allí es donde aconteció el famoso episodio del peregrino devorado por lobos.

A medida que íbamos llegando, nuestro ritmo se hacia cada vez más rápido, incluso nos permitíamos el lujo de perseguir y alcanzar peregrinos. Que error tras error. Como si el camino se fuera a acabar.

Llegamos a Burgo Ranero y de esa guisa, al refugio. Era el primer refugio que veíamos. Estaba hecho enteramente de Adobe, una especie de mezcolanza de barro y paja, por dentro era realmente rústico, con vigas de madera , una chimenea en la planta baja, y en la planta superior, se encontraban los dormitorios, dos grandes habitaciones con literas.

 

 

 

Llegada a Burgo Ranero , es el fin de la primera etapa , sin embargo las ranas no se oyen .


 

 

 

Allí dejamos las pesadas mochilas y pude evaluar los primeros estragos del camino. Pies doloridos y amago de ampolla. Fue el primer golpe a mi prepotencia. Si esto era lo que pasaba en los primeros 18 Km, que pasaría en los restantes 380 Km?.

Me puse un parche de plástico que me dio Jesús (todavía no era un experto en reventar ampollas) y fuimos a tomar como no una cerveza en lo que presumiblemente era el único bar del pueblo.

 

Albergue de Burgo Ranero . Hace sol  pero mucho frio.


 

 

 

 

Burgo Ranero, es un pueblo de los de antes. Lo de ranero, parece que se debe a una charca próxima, en donde las ranas cantan sin ningún tipo de complejo. El pueblo es muy acogedor y se respira paz y tranquilidad por doquier. Un sitio perfecto para perderse. La iglesia era diferente de lo que aquí estamos acostumbrado. En el campanario, tuvimos ocasión de ver cigüeñas, las primeras de las muchisimas que veríamos. 

Llegamos al bar ateridos de frío y nos recompensamos con unas cervezas y unas patatas fritas con ajos. Un invento realmente delicioso. Por cierto repetimos.

Preguntandonos por donde ir a comer ,me acorde que en mis planos tenia una indicación de “ir a comer a casa de la Sra. Mercedes”, fonda Lozano, y eso hicimos.

Fue el primer gran encuentro del camino. La fonda es una casa particular, el comedor es el propio comedor de la casa. Cuando entramos dentro pude respirar ese ambiente de paz  sosiego y tranquilidad que hace años no encontraba.

Y a todo eso, la señora Mercedes una mujer, pequeña encantadora la cual no paraba de mirarnos mientras nos iba diciendo lo que tenia para comer. A medida que cogió confianza con nosotros, y para eso no tardamos demasiado, se confirmo como una enciclopedia o libro del camino, porque ella es parte del camino. Mercedes es una de esas personas engastadas en el camino como los diamantes en una corona. Su memoria prodigiosa, nos hablaba de hechos y sobre todo de gente y más gente que habían pasado por su casa camino de Santiago. Algunos famosos como Ortega Cano el torero del que tenia una foto en la pared, otros no tan famosos, pero de los que se

enorgullecía igualmente, enseñando sus fotos contenidas en dos albums. Me prometí que en cuanto llegara a Barcelona le enviaría una foto de los tres, y cumplí mi promesa.

 

 

 

 

 

Estamos con la Sra Mercedes  el orujo todavia no ha aparecido. Que mujer.


 

Para sorpresas, la que me lleve al  reconocer en uno de los albums, a Emilio del Tritón (centro de buceo de la costa brava). Emilio había pasado por allí con Lotti, su mujer. Me sentía extraño el verlos allí en la foto totalmente desvinculados del ambiente marinero en el que los conozco. Que cosas tiene la vida.

De la comida que puedo contar, deliciosa en su propia sencillez. Casera , pero no casera de restaurante , sino de casa ,de casa suya. Ella se sentó con nosotros mientras comíamos y mantuvimos una conversación entrañable. Me sentía extraño, hacia tiempo que no tenia una  conversación tan amistosa con una persona a la que acabábamos de conocer. Estabamos empezando a sentir el camino?. Por cierto, ya he encontrado el mejor orujo del mundo. Nos lo dio la Sra. Mercedes para los postres.  

Para los no muy entendidos, el orujo bueno, debe de quemar en el estomago y no en la garganta, y eso es realmente lo que estaba haciendo. Por cierto que en el mismo comedor comieron con nosotros un par de curas, los cuales tampoco  hicieron ningún desprecio al vino y el orujo. 

Después de la comida, volví al refugio a descansar un rato. Allí le heche un vistazo al libro de firmas, cada refugio tiene uno propio en donde los peregrinos expresan sus deseos y sus emociones. Por cierto  encontramos la reseña del Emilio de Tritón, no habían dudado en colocar una etiqueta adhesiva del club de buceo. Que hacia una etiqueta de un club de buceo, allí en medio de la provincia de León ? Bueno hay gustos para todos. 

Me dedique aterido de frío a inaugurar mi libreta de anécdotas, y allí en aquella mesa de aquel albergue descubri como sacar agujetas a mi mano a base de tanto escribir y escribir.  

Después del descanso y una vez repuestos, fuimos a dar un corto paseo por el pueblo. Recorrimos sus calles vacías, su plaza mayor, la cual no era mayor que la más pequeñas de las plazas a las que estamos acostumbrados en Barcelona, pero eso sí, mucho más autentica, y finalmente decidimos ir a la estación de tren del pueblo, la cual se encuentra situada a un Kilometro  de distancia ,al que se llega andando a través de un camino de tierra. Me pareció volver a mi infancia, cuando paseaba al atardecer durante mis vacaciones por algunos pueblos de Andalucía, mientras el sol se ponía en el horizonte 

Al volver, encontramos a un payes arando la tierra con su hijo de corta edad. En cuanto nos vio, se dirigió hacia nosotros y nos pregunto si estabamos en el albergue, desde luego pinta de peregrinos deberíamos de hacer. Resulto que el buen Señor, era el hospitalero, nombre que se da a la persona responsable de un albergue. Este trabajo es realmente duro y es voluntario. La premisa imprescindible, es que debes de haber hecho el camino previamente para optar a esta posición. Por supuesto ellos no cobran nada y eso si gastan muchisimo de su propio tiempo. Que gran labor la de esta gente. 

Dentro del refugio.Ni al lado de la chimenea se esta bien.


Volvimos al refugio, y Jesús se empeño en hacer fuego en la chimenea del mismo. La verdad es que el frío era intenso y nos hacia falta algo de calor. Fue un momento inolvidable, ya que mientras escribía, la chimenea me iluminaba con su luz rojiza, dando un ambiente de lo más agradable

 

 

 

 

 

 

Llegaron unos cuantos peregrinos mas. Total seriamos unos seis, uno de ellos venia en bicicleta. Finalmente apareció el hospitalero con su mujer, su hijo y dos perros, Estuvieron un rato charlando con nosotros, son gente muy agradable, nos explicaron los problemas que en un pueblo como Burgo Ranero, pueden tener personas que como ellos, se dedican al campo. Hablamos de subvenciones agrícolas y de unas cuantas cosas más. Nos cobraron las 300 pts, que es el donativo que cada peregrino dona para cubrir mínimamente sus gastos (cantidad irrisoria), y nos advirtieron sobre la posibilidad de nevadas por la zona, que era por cierto lo que nos faltaba por oír. Estabamos preparados  para todo menos para nieve. 

Por la noche y visto el éxito con la Sra. Mercedes, decidimos volver a probar la cena con ella, y no nos equivocamos, ya que volvimos a triunfar. Allí cenamos con un peregrino de nombre Julián, el cual venia de Roncesvalles y que comía por cierto como una lima. Comio mas que nosotros dos juntos. Se comió una lubina entera enorme. A mí me apetecían un par de huevos fritos con chorizo, y eso fue lo que me comí. Estaban riquisimos. 

La conversación fue muy agradable. Julián, nos explico sus aventuras con las ampollas y otras lindezas más. Evidentemente la Sra. Mercedes, se unió a nosotros. Corrió el orujo y una maravillosa tarta que ella misma había hecho. Realmente se notan los productos naturales pense.

 Julián venia de Australia, es español, pero le habían obligado a regresar a España para cumplir con el servicio militar. Había venido unos meses antes para poder hacer el camino y quedarse un tiempo en Santiago, ciudad en donde estuvo viviendo por algún tiempo. A fuerza de conocer en Santiago a peregrinos, tomo la decisión de hacer el camino para descubrir que es lo que movía a tanta gente a hacer lo mismo. 

Al acabar de cenar, nos encontramos con la no muy agradable sorpresa de que estaba lloviendo a mares

Con un frío y un viento atroz ,mas la lluvia ,nos metimos en el albergue y fuimos directamente a dormir. Vaya mañana que nos espera, pense. 

Nuestra primera noche de albergue no pudo ser más “diferente”. Debido al frío tuve que dormir vestido, con saco y encima una manta. Eso si con una mezcolanza de miedo e ilusión por lo que el día siguiente pudiera depararnos . Dicho día, se perfilaba como una nueva aventura . No había coche que pudiéramos utilizar y solo nuestras piernas y nuestras ganas nos llevarían hacia nuestra siguiente etapa. Esto era real. 

Realmente durante el resto del camino, siempre nos acompaño esta curiosa sensación de nunca saber que sucedería, no solo al día siguiente, si no en las horas siguientes.

En cualquier momento una sorpresa agradable o no podía desencadenarse en cualquier momento, colmándote de alegría o de miedo y tristeza, como así sucedió.